La MLS volvió a imponerse a la Liga MX en el All-Star Game. El conjunto estadounidense derrotó 4-3 al representativo mexicano en Charlotte, en un partido que se vende como el enfrentamiento entre las mejores figuras de ambas competencias, aunque la realidad vuelve a estar muy lejos de esa idea.
El propio concepto del encuentro resulta difícil de sostener cuando varias de las principales figuras de ambas ligas no están presentes. Lionel Messi, el futbolista más importante de la MLS y la máxima figura de su competición, volvió a ausentarse de un partido que claramente no representa una prioridad para él.
Por parte del futbol mexicano también hubo ausencias importantes, entre ellas jugadores que recientemente estuvieron con la Selección Mexicana, como Roberto ‘Piojo’ Alvarado, Tala Rangel y Gilberto Mora. Entonces, ¿realmente estamos viendo a las estrellas de ambas ligas o simplemente a los jugadores disponibles para participar en un espectáculo de verano?
El partido comenzó con goles y con la MLS tomando el control. Luis Gabriel Rey abrió el marcador al minuto 8 para la Liga MX, pero la respuesta estadounidense fue inmediata y los locales consiguieron marcar tres goles durante el primer tiempo para darle la vuelta al encuentro.
En la segunda mitad, la Liga MX intentó reaccionar con las anotaciones de Salomón Rondón y Fernando Paradela, pero la MLS encontró nuevamente el camino al gol y terminó llevándose la victoria por 4-3.
Más allá del resultado, la pregunta es qué le deja realmente este partido al futbol mexicano. El All-Star Game parece estar cada vez más cerca de ser un espectáculo diseñado para llenar estadios y generar ingresos que de un verdadero enfrentamiento deportivo entre las dos principales ligas de Norteamérica.
Para la Liga MX, participar significa formar parte de un evento que genera exposición y dinero, pero deportivamente aporta poco. No hay un título en juego, no existe una consecuencia para la temporada y tampoco sirve como una medición real entre ambas competencias, especialmente cuando las plantillas están incompletas.
Y mientras este partido intenta venderse como una batalla entre las estrellas de México y Estados Unidos, la realidad de la región se mide en otro escenario. Cuando llega la Concacaf Champions Cup, donde sí hay un trofeo en juego y los clubes compiten por algo realmente importante, los equipos mexicanos siguen teniendo una presencia dominante.
Por eso, el 4-3 en Charlotte podrá quedar registrado como otra victoria de la MLS sobre la Liga MX en el All-Star Game, pero difícilmente representa algo más que eso, un partido de exhibición que, para el futbol mexicano, parece aportar mucho más a las arcas que a la competencia deportiva.
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