El excapitán inicia oficialmente su etapa como seleccionador con la misión de consolidar lo construido en 2026 y devolver al equipo una identidad reconocible.
Ciudad de México.— Rafael Márquez pasó buena parte de su carrera cargando con las expectativas del futbol mexicano. Lo hizo como defensa, como capitán y como uno de los pocos futbolistas del país capaces de instalarse durante años en la élite europea. Este jueves, a los 47 años, volvió a colocarse frente al escudo de México, aunque esta vez desde otro sitio: el banquillo.
La Federación Mexicana de Fútbol presentó oficialmente a Márquez como seleccionador nacional en el Centro de Alto Rendimiento. El nombramiento abre formalmente el camino hacia el Mundial de 2030 y completa una transición que, de manera poco habitual en el fútbol mexicano, había comenzado a diseñarse dos años atrás. Márquez trabajó como auxiliar de Javier Aguirre durante el proceso mundialista de 2026 antes de recibir las llaves del equipo.
“La ventaja es que no empezamos desde cero”, resumió el nuevo seleccionador. México conserva buena parte de la estructura que compitió en el último Mundial y Márquez conoce desde dentro a un grupo en el que conviven jugadores consolidados con una generación joven que comienza a reclamar espacio.
Su discurso, sin embargo, fue más allá de nombres y sistemas. Márquez colocó una palabra en el centro de su proyecto: identidad.
“Dar y fortalecer la identidad de este equipo, ese es el objetivo; que todos se identifiquen con su selección”, explicó. El técnico aseguró que buscará futbolistas dispuestos a asumir que vestir la camiseta nacional exige “su mejor esfuerzo”, una idea que vinculó directamente con la etapa de Aguirre.
El reto no es menor. Márquez conoce como pocos la obsesión mexicana por superar las barreras que históricamente han limitado al equipo en las Copas del Mundo. Disputó cinco como futbolista, entre 2002 y 2018, y ahora pretende conseguir desde el banquillo aquello que durante años persiguió dentro del campo: colocar a México entre las selecciones capaces de competir de manera sostenida con las potencias.
Su llegada tampoco supone una ruptura con el pasado inmediato. El proyecto fue diseñado desde 2024: Aguirre dirigiría a México hasta el Mundial de 2026 y Márquez trabajaría a su lado antes de asumir el siguiente ciclo. Tras la eliminación mundialista, el Vasco respaldó públicamente a quien había sido primero su jugador y después su auxiliar. “Está más que capacitado”, dijo entonces Aguirre.
Márquez se ha rodeado además de un cuerpo técnico con una marcada influencia europea. Juan Manuel Lillo, Andrés Guardado y Vidal Paloma serán auxiliares; Xabier Mancisidor trabajará con los porteros y Pol Lorente estará a cargo de la preparación física. La apuesta mezcla experiencia internacional, conocimiento del fútbol mexicano y diferentes generaciones.
El nuevo seleccionador insiste en que el proyecto no puede limitarse a administrar lo heredado. Ya desde julio, cuando se confirmó su nombramiento, dejó una frase que funciona como declaración de intenciones: “No es momento de frenar, sino de acelerar”. Su intención pasa también por potenciar al futbolista mexicano y acercar el trabajo de la selección absoluta a las categorías inferiores.
México inicia así un ciclo diferente. No porque haya cambiado simplemente de entrenador, sino porque, por una vez, el relevo estaba previsto antes de que llegara la crisis que suele precipitar estas decisiones.
Márquez conoce la camiseta, conoce el vestuario y conoce también el peso de las expectativas. Ahora tendrá que demostrar que todo aquello que aprendió durante más de dos décadas alrededor de la selección puede convertirse en una idea reconocible desde el banquillo.
Su primera prueba llegará el 26 de septiembre ante Colombia, en Baltimore. Después vendrán Perú, Estados Unidos y Chile. Serán los primeros partidos de un camino de cuatro años cuyo destino final está en el Mundial de 2030.
(Por: Marco Malvido).
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